Siempre he creído que las personas son lo más importante.
Soy una persona cercana, empática, de los que escuchan y se implican de verdad. Me gusta ayudar, hacer que todo fluya, que cada persona se sienta cómoda, tranquila… siendo ella misma. Porque ahí, justo ahí, es donde nacen las imágenes más reales.
Desde pequeño, el cine me enseñó a mirar. A sentir las historias, a emocionarme con la luz, con los silencios, con esos momentos que se quedan grabados para siempre. Crecí entre aventuras, mundos épicos y relatos inolvidables… y, sin darme cuenta, aprendí que cada vida también es una historia que merece ser contada.
Por eso no entiendo la fotografía como algo superficial. Para mí, es memoria. Es emoción. Es detener el tiempo en esos instantes que, algún día, lo significarán todo.
Me gusta trabajar desde la calma, sin forzar. Observar, acompañar y capturar lo que ocurre de verdad: una mirada, un gesto, una risa inesperada… esos pequeños momentos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que lo dicen todo.
Mi forma de fotografiar es natural, cuidada y muy emocional. Busco que cada imagen tenga alma, que no solo se vea, sino que se sienta.
Porque al final, no se trata solo de fotos.
Se trata de recordar quiénes éramos, cómo nos sentíamos… y de poder volver ahí, una y otra vez.